Recuerdo que la primera vez que lo visité el Museo Americano de Historia Natural, era un día de lluvia y viento por lo que los planes de perderse por las calles de Nueva York debían demorarse hasta nuevo aviso.
Lado oeste de Central Park, subo unas largas escaleras… hasta que accedes al interior del museo y ves el esqueleto de un Diplodocus que te da la bienvenida. Espectacular. Sin duda era un buen augurio de lo que iba a ver.